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El Santísimo Cristo de
Calatorao |
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En la Iglesia de San Bartolomé de Calatorao se conserva, según
la tradición desde el año 1520, una maravillosa imagen del
Santísimo Cristo que ha sido objeto de admiración y profunda
devoción a lo largo de los siglos.
Todos los investigadores
y estudiosos que se han ocupado del Arte en Calatorao han hecho
especial mención a la talla del Santo Cristo. En primer lugar
por la gran belleza que presenta, impresionante por su
perfección y patetismo, pero tam bien
por la profunda espiritualidad que ha despertado en todos los
visitantes que han llegado a contemplarlo.
La admiración ha sido de tal magnitud que todos los actos
festivos de Calatorao, ya sean lúdicos o religiosos, han tenido
como centro principal la imagen del Santo Cristo. Pero también
en cualquier momento de tristeza o preocupación la gran mayoría
de las gentes que conocen esta imagen se encomiendan a ella. A
este Cristo se atribuyen numerosos milagros y ha sido conocido
como "El Tostado de Calatorao" y "El Cristo de los
endemoniados".
La gente ha dicho de Él
que le crecen las uñas, que le sangran las heridas, que sus
espinas tienen poderes exorcizantes, todo ello sin fundamento
alguno; pero lo que sí está claro es que a nadie deja
indiferente el Santo Cristo de Calatorao.
A lo largo de los tiempos ha habido numerosos autores que se han
ocupado de estudiar la procedencia de la imagen del Santo Cristo
de Calatorao. Pero es el Padre Roque Alberto Faci quien en el
año 1730 escribe toda la tradición y milagros atribuidos a este
Cristo en los doscientos primeros años de permanencia en la
Iglesia de Calatorao, ya que se tiene constancia del mismo desde
el año 1520. En 1535 ya hay constancia de la existencia de esta
imagen, ya que el notario recoge la última voluntad de Dª
Gerónima Prat, viuda de D. Domingo de Ucenda, mandando que la
enterrasen en la capilla del Santo Cristo.
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Cuenta la tradición que el logro de
esta imagen fue fruto de la caridad y
misericordia de esta Villa con un
Peregrino, que llegó a ella enfermo, o
haciendo (como suele decirse) el
enfermo, siendo reputado por Ángel, como
se dirá después. Cuidó la caridad de
Calatorao de alimentar, y medicinar al
Peregrino, sirviéndole, como a Cristo.
Notó el Peregrino que en la Parroquia no
había imagen especial de Cristo
Crucificado. A la notada falta de la
Santa Imagen por el Peregrino, respondió
Calatorao que algunas veces había
intentado se fabricase Imagen de Santo
Crucifijo, y que sin saber como, se
había olvidado esa especie. Entonces el
Peregrino ofreció en publico, y a todo
el Pueblo el salir de la Misa Mayor,
suplir la falta, fabricándoles Imagen
del Cristo Crucificado.
Retirose a una casa y sin ser
visto ni oído de alguna persona, sin
estallido de martillos, ni estruendo de
sierra, formó la Santa Imagen, de un
madero, que él había visto y escogido
para esta Divina Fabrica. Pasado el
tiempo de tres días (como se había
pactado) deseando ver Calatorao en qué
estado se hallaba la obra tan deseada,
abierta la puerta de aquella estancia
dichosa, ni se halló Peregrino, ni
vestigio alguno de que allí se hubiera
trabajado en madera, ni el madero, que
había elegido, ni fragmento alguno de
él, ni menor color alguno, con que
hubiera dado la ultima perfección
a la obra, si solamente la comida, que
se le había administrado por una gatera,
y la S. Imagen tan peregrina, como
Angélica, arrimada a una pared, a la
mano derecha entrando en el cuarto.
Es la Santa Imagen Peregrina, pues está
tan bien acabada, que en su fábrica nada
podía hacer el arte, siendo sobre todas
sus reglas, como dicen artífices muy
peritos, que la han visitado, y exclaman
que solo un Ángel podía haberla formado.
Está todo el cuerpo del Señor organizado
con toda la perfección de venas,
arterias, nervios, tendones, ligamentos,
y cuerdas tan al vivo, que parece que el
original del Calvario fue Artífice, como
píamente creemos, Ángel admirablemente
copiado. Sus manos son, como fabricadas
a torno, milagrosamente llenas de
sangre, como que ahora se vierte. Los
pies se ven con igual viveza formados.
Las espinas de la cabeza, aun parece,
que en realidad atormentan su Divina
cabeza. Las heridas se ven excavadas en
todo el cuerpo con admiración universal
de todos, y aunque las de las manos y
pies parecen las mismas que le abrieron
en el Calvario, es muy maravillosa, como
llaga toda de amor, la del Sagrado
Costado, que se conserva patente y
dilatada, y cerrando con el tiempo, el
polvo otras aberturas, ésta después de
dos siglos, y más, se conserva siempre
patente. Yo ni sé, ni puedo describir a
esta S. Imagen, pues hasta hoy ninguna
voz elocuente (menos el pincel) ha
podido copiarla. Los ojos de quien la
mire, podrán explicar, pero con
sentimientos, la maravilla universal de
su fabrica admirable. Siempre que se
descubre tan Soberana Imagen, causa
veneración, respeto, y singulares
efectos en los corazones de los fieles.
No se exceptúan los de la Villa de
Calatorao, porque, aunque la han visto
tantas veces, siempre anhelan el
mirarla, experimentando Divinos efectos,
que suele la familiaridad, no admirar,
sino manosear. El día celebre de estos
sentimientos es el Viernes Santo, en que
es venerada la Santa Imagen con el
concurso de Calatorao y su Comarca.
Después de los Oficios Divinos la
muestra el Preste a los circunstantes,
puesto sobre el Altar, con una luz de
hacha, y la advierten todos en este día
más lastimada, que en otros del año,
representándose en ella al vivo, la
copia mas peregrina de la Pasión del
Señor, pareciendo a muchos que está
sudando copiosamente, y se dice que
realmente alguna vez ha sudado, ya que
en este día están las energúmenas más
furiosas, y a vista de Espectáculo tan
sobremanera lastimoso, no hay corazón
que no se ablande. |
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En 1613 el pueblo de
Calatorao, ante notario, hizo el voto de guardar perpetuamente
la fiesta del Santo Cristo el día 10 de Mayo, día de la Corona
del Señor. Es en este mismo año cuando se inaugura una modesta
capilla construida expresamente para la imagen, en concreto el
día 14 de Septiembre de 1613, fiesta de la Exaltación de la
Cruz. En 1675 se construye una nueva capilla en piedra negra de
Calatorao y para hacer el baldaquino se realizaron unas columnas
salomónicas dignas de una catedral, también en piedra negra y
que son las que aún se conservan en la capilla actual.
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EL CRISTO DE LO ENDEMONIADOS
Al Cristo de Calatorao se le ha
conocido como El Cristo de los
Endemoniados. La explicación de
la leyenda también la recoge, en
el año 1739, el Padre Faci en su
trabajo "Aragón, Reyno de
Christo, y Dote de María Ssma",
cuando haciendo referencia a los
cuidados en la conservación de
esta imagen dice:
"Limpiaba Mosen Antonio Pascual
y López el polvo de los brazos
de la S. Imagen, y asiéndose la
toalla, con que sacudía, a las
espinas de la corona, cayó una
de estas sobre el Altar; notólo
el Dr. Falcón, Médico de
Calatorao, y ambos partieron tan
Santa porción. Pasados algunos
años, hallándose dicho Mosen
Antonio en la Villa de Sos, fue
llamado a visitar a una enferma,
que agonizaba, y estaba
maleficiada, aplicó a la cabeza
de la enferma, un bolsillo, en
que estaba la porción de la
Santa Espina, y dando un salto,
la que parecía ya difunta, se
puso en pie, en medio del
aposento. Viendo esto el Cura de
Sos, conjuró al demonio le
dijera ¿qué había en el
bolsillo, ó Relicario aplicado?
Y dijo con verdad (aunque
blasfemando, como demonio) había
dentro una Espina de aquel
tostado de Calatorao, y otras
circunstancias. Llamó tostado al
S. Crucifijo, por improperio,
porque la S. Imagen es de color
oscuro, que lo hace respetable".
A partir de este
momento, se tuvo la creencia de
que el día 14 de Septiembre, día
de la festividad de la Cruz, el
Cristo de Calatorao sacaba los
demonios del cuerpo de las
mujeres, con los hombres se
metía menos, y al sacarlos les
arrancaba los zapatos, las
calcillas, los pañuelos de la
cabeza o el corsé. Todos los que
se decían "Endemoniados" acudían
a Calatorao para sufrir el
exorcismo y numeroso gentío se
congregaba para presenciar la
salida de los demonios, que se
materializaban en cualquier
objeto lanzado por los
endemoniados. Cuando hacia 1880
se generalizó el ferrocarril,
todos los años venían trenes
especiales a Calatorao el día 14
de Septiembre. Prudencio Moreno
publica en el año 1883 un
trabajo titulado "Apuntes
histórico-críticos sobre la
Imagen el Santísimo Cristo de
Calatorao" y recoge esta
costumbre que fue en aumento
hacia los primeros años del
siglo XX y duró hasta la década
de 1950 en la que se suspendió
el tren especial que venía a
Calatorao. En concreto, el
Heraldo de Aragón del día 15 de
Septiembre de 1919 dice: "Al
salir de la iglesia una
enemigosa cae a nuestro lado, la
cual, después de unas raras
convulsiones, como si sufriera
un ataque de epilepsia, es
retirada por varias personas. Al
retirarla, la pobre mujer perdió
el pañuelo, formándose alrededor
de éste un corro, sin que nadie
se atreviera a recogerlo. Aquel
pañuelo tenía los enemigos". |
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