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El asentamiento de Calatorao en varios promontorios de fácil
defensa ha hecho de su territorio un punto estratégico por el
que han pasado las culturas más diversas. En este sentido,
pueden apreciarse en su territorio algunas huellas que nos
hablan del impacto histórico que las distintas culturas han ido
dejando sobre esta villa.
Para reconstruir su pasado más remoto, tenemos que remontarnos a
la época de las tribus celtas que se instalan en el valle del
Jalón, como las de los Lusones, y más tarde Belos y Titos.
Todavía continúa sin localizar una ciudad celtíbera, Nertóbriga,
de la que nos hablan los historiadores. Al lado de esta ciudad
celtíbera se asentaría una ciudad romana con el mismo nombre,
pues generalmente casi todas las ciudades de la época romana
aparecen al lado de antiguos poblados indígenas. Algunos
historiadores consideran a Calatorao como una de las posibles
ubicaciones de la celtíbera Nertóbriga.
El testimonio más importante que tenemos para localizar la
ciudad es el itinerario de Antonino que sitúa esta ciudad en la
vía romana que unía Cesaraugusta (Zaragoza) con Emérita «Mérida»
cuyo trazado iba por el río Jalón, y que distaba 21 millas desde
Bílbilis (Calatayud) 14 desde Segontia (La Muela) y 30 desde
Cesaraugusta, distancias que corresponden a un lugar situado
entre Calatorao, Ricla y La Almunia. Viene a confirmar este dato
el hecho de que en Lucena de Jalón se encontrara un miliario
colocado probablemente en la mansión de Nertóbriga. Los tres
pueblos se han disputado su emplazamiento.

Hasta el momento no se han encontrado restos
ibéricos reveladores de que la ciudad celtíbera se ubicara en
este término, pero los restos romanos encontrados confirman a
Calatorao al menos como la Nertóbriga romana
Las exploraciones realizadas hasta el momento han revelado la
existencia de una serie de yacimientos romanos en diversos
puntos del término: «Argillos», «La Torre», «Banco del Tejar»,
etc. y algunas catas antiguas ponen de manifiesto que en
Calatorao se encuentran restos de la calzada que unía Zaragoza
con Mérida.
La decadencia del Imperio Romano se corresponde con las oleadas
de los pueblos «bárbaros»; concretamente en esta zona se
sucederán desde la segunda mitad del siglo III dC. pueblos como
los francos, los germanos y los visigodos, sin que hayan quedado
tan apenas huellas de su paso.
En el año 714, los musulmanes, capitaneados por Muza Ibn Musayr,
toman Zaragoza y sus alrededores, permaneciendo en nuestras
tierras durante varios siglos. Como recuerdo de su estancia no
tenemos muchos restos materiales, pero a ellos debemos el
topónimo Calatorao procede de una palabra árabe QALAT TURAB
que vendría a significar «Castillo de tierra». Documentado con
la forma «Calaturab» por primera vez en 1128, muy pocos años
después de ser reconquistado, también se debe a ellos el nombre
de casi todos los pueblos de la zona: La Almunia, Alfamén,
Almonacid, etc.
Aparte del nombre, hay otros vestigios en Calatorao que han
perdurado como símbolos de la dominación musulmana como son el
castillo y la galería subterránea que pasando por debajo de éste
comunicaba entre sí la calle Murillo con la calle de La Fuente,
la fuente de las Escaleras y la fuente del Ojuelo, y sobre todo
el trazado de las acequias que distribuyen el agua del río Jalón
por los campos, aportación trascendental en una localidad
eminentemente agrícola como es ésta. Tampoco hay que olvidar el
extraordinario trasvase de arabismos a nuestro vocabulario:
acequia, savacequia, azud, michén.
Después de reconquistada la zona por los cristianos, apenas se
nota cambio por lo que se refiere a la población rural
musulmana; no hubo expulsión, sino que siguieron explotando la
tierra, organizados en aljamas, constituyendo los mudéjares la
mayoría de la población. En 1495, treinta familias eran
cristianas y 38 musulmanas. A partir de 1526 tuvieron que
convertirse para no ser expulsados y en 1610 finalmente son
expulsados. Esta expulsión afecta en Calatorao a 54 familias.
Una vez que Alfonso I el Batallador reconquista Calatorao de
manos de los árabes, sus tierras pasan a ser propiedad de
realengo, y se encarga de gobernarlas Lope Garcés II de Estella,
tenente desde 1128 a 1133. No tenemos constancia de ningún otro
tenente. En 1160, reinante el conde de Barcelona Ramón Berenguer
IV se confirma, por el testamento de Berenguer de Coroge, que
Pedro A. de Torroja dio a su hermano el castillo de Calatorao
que tenía por el conde de Barcelona con sus pertenencias. Por
tanto en este año de 1160 ya estaba construído el castillo de
Calatorao.
El 5 de Septiembre de 1213 el Rey Pedro II dona la villa, que
había recibido de
Doña Urraca de Buñol, al Cabildo de Santa María la Mayor de
Zaragoza.
El motivo por el que se realizan estas concesiones parece ser el
de recompensar de modo equivalente y debidamente al prior y
Capítulo de Santa María la Mayor de Zaragoza. De esta manera
comienzan a extenderse una serie de privilegios concedidos a
Calatorao y a otras villas en beneficio del Cabildo del Pilar,
que consistían, sobre todo, en eximir de pagar algunos tributos
como hacen en 1294 y 1325.
En esta villa de señorío eclesiástico, las funciones que
normalmente correspondían a
los delegados del rey, serán desempeñadas por los priores del
Pilar. Pero según un documento de 1404, la jurisdicción criminal
y civil correspondía a la Corona y fue ejercida durante mucho
tiempo por sus oficiales de la villa de Ricla. Esta situación
fue alterada en 1428 por Alfonso V de Aragón, que concede al
noble caballero Don Jesús Martínez de Luna las funciones que
ejercían hasta entonces los oficiales reales de Ricla. Estos
derechos sobre Calatorao los heredó después su hermano Don Jaime
de Luna y Cabeza de Vaca, y éste los vendió a Ferran de Lanuza,
Justicia del reino de Aragón.
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Durante el reinado de Alfonso V (1416-1458) se realizan
gestiones para incorporar Calatorao a la Corona, pero no
debieron de surtir efecto pues en 1481 el rey Don Fernando el
Católico dirige una orden real al noble Lope de Urrea para que
mantenga un canal de riegos posesión del Cabildo del Pilar al
igual que toda la Villa. Precisamente al servicio de los RR.CC.
trabajó Pedro Marcuello, alcaide de Calatorao, cantor de las
laudes imperiales y uno de los primeros poetas, que en español
canta a la Virgen del Pilar. Las órdenes religioso-militares del
Hospital de San Juan de Jerusalén, la del Santo Sepulcro y la
del Temple, tan trascendentales en la Reconquista y Repoblación
en otras zonas, no tuvieron una excesiva repercusión en
Calatorao, sin duda condicionado por el hecho que desde muy
temprano, desde el s. XIII perteneció al Cabildo del Pilar, pero
también estuvieron presentes, como propietarios de algunas casas
y campos.
Las propiedades de la orden del Temple quedaron reducidas a la
casa y torre de Argillo que' en 1312 al ser disuelta esta orden
entraron en poder del noble bilbilitano Don Fernando Muñoz de
Pamplona. Esta casa y heredamiento dieron lugar a un título
condal, El Conde de Argillos. A estas posesiones hay que añadir
las del monasterio de Casbas de Huesca.
Calatorao perteneció prácticamente durante seis siglos al
Cabildo del Pilar. Tal circunstancia marcó y determinó en gran
medida el devenir histórico de esta villa. Fueron las leyes
desamortizadoras de 1836-37 las que terminaron con el patrimonio
del Cabildo y sus posesiones pasaron a particulares. |