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LA IMAGEN
DEL SANTO CRISTO DE CALATORAO
Y LOS BUSTOS DE LA DOLOROSA Y DE
SAN JUAN EVANGELISTA.
Publicado en Ador nº VI. 2001

En la Iglesia de San Bartolomé de
Calatorao se conserva una maravillosa imagen del Santísimo
Cristo que ha sido
objeto de admiración y profunda devoción a lo largo de los
siglos. Junto a esta imagen estuvieron situados durante años dos
bustos correspondientes a La Dolorosa y a San Juan Evangelista,
que hoy se encuentran recuperados y conservados en la citada
Iglesia de Calatorao.
Todos los investigadores y estudiosos que
se han ocupado del Arte en Calatorao han hecho especial mención
a la talla del Santo Cristo. En primer lugar por la gran belleza
que presenta, impresionante por la perfección y el patetismo de
su forma externa, pero también por la profunda espiritualidad
que ha despertado en todos los visitantes que han llegado a
contemplarlo. La admiración ha sido de tal magnitud que todos
los actos festivos de Calatorao, ya sean lúdicos o religiosos,
han tenido como centro principal la imagen del Santo Cristo. Pero
también en cualquier momento de tristeza o preocupación la gran
mayoría de las gentes que conocen esta imagen se encomiendan a
ella. A este Cristo se atribuyen numerosos milagros y ha sido
conocido como "El Cristo de los endemoniados". En 1613
el pueblo de Calatorao, ante notario, hizo el voto de guardar
perpetuamente la fiesta del Santo Cristo el día 10 de Mayo, día
de la Corona del Señor. Es en este mismo año cuando se inaugura
una modesta capilla construída exprofeso para la imagen, en
concreto el día 14 de Septiembre de 1613, fiesta de la Exaltación
de la Cruz. En 1675 se construye una nueva capilla en piedra
negra de Calatorao y para hacer el baldaquino se realizaron unas
columnas salomónicas dignas de una catedral, también en piedra
negra y que son las que aún se conservan en la capilla actual.
EL SANTO CRISTO DE CALATORAO
Características de la imagen
Es una talla de estilo renacentista que se
venera desde 1520. Presenta una altura de 1,80 metros y está
realizada en madera de cedro. Es un Cristo doliente bien
proporcionado, de perfecta estructura y distribución de sus
miembros, exquisita policromía y una expresión de dolor que
sorprende a los conocedores de anatomía por sus minuciosos
detalles.
Para no faltar a la historia, consideramos
que una descripción muy realista es la realizada por el P.
Ignacio March que predicó en Calatorao en 1.708:
"Muchas imágenes he visto de Cristo y
las mas celebradas en España, como la de Burgos, Zaragoza,
Pamplona, Ribota, Balaguer, Pons, Igualada, Manresa, etc., pero
ninguna me parece tan natural, ninguna que tenga el rostro tan
benigno y tan amable, ninguna como ésta de Calatorao tan digna
de ser vista una y muchas veces; siempre tendreís qué ver, qué
descubrir, qué atender, qué mirar y qué admirar en este
peregrino hermoso semblante, viva imagen del rostro del mismo
Cristo"
El P. Félix Lasheras Bernal en 1. 964
completa esta descripción en los siguientes términos:
"Las espinas de la corona atormentando
aún la sagrada cabeza. La estatura tan proporcionada. La
distribución de los miembros, tan perfecta. Las venas y arterias,
minuciosamente dibujadas. Los nervios y tendones violentamente
estirados. Las articulaciones y protuberancias visiblemente
marcadas. El color trigueño oscurecido por el tiempo y el humo
de las velas. El piadoso semblante con expresión sublime de
dolor resignado, en el momento de exhalar el último suspiro. Los
labios de amortiguado carmín. La lengua que apenas se asoma para
articular palabras de perdón y cariño. Los apacibles ojos lánguidos
y vidriados. La sangrante herida de su pecho rasgado. Las
bienhechoras manos y los pies maravillosamente cincelados. La
carne arrugada sobre el clavo en que descansa todo el peso de su
cuerpo. Entre el dedo pulgar e índice de ambos pies se
distinguen las dos venas interiores y hasta en las plantas de los
pies se notan los ligamentos naturales.
Por todo esto, siempre que se contempla la
singular escultura del Santo Cristo de Calatorao, surge una
inefable admiración. Los detalles, sorprenden a los conocedores
de la anatomía humana y los artistas gozan en el examen del
conjunto". La talla es precisa hasta los últimos detalles,
matizándose éstos en que posee trabajada la dentadura de la
boca casi completa.
Origen de la Talla del Santo Cristo
A lo largo de los tiempos ha habido
numerosos autores que se han ocupado de estudiar la procedencia
de la imagen del Santo Cristo de Calatorao, pero tres de ellos
han dejado publicaciones completas de sus estudios. En primer
lugar el M. R. P. M. Fr. Roque Alberto Faci en el año 1739, el
cual recoge toda la tradición y milagros atribuidos a este
Cristo en los doscientos primeros años de permanencia en la
iglesia de Calatorao, además de los datos históricos
documentados hasta la época. En este trabajo se basan las
novenas escritas con posterioridad. En segundo lugar D. Prudencio
Moreno Pérez en el año 1883 publica los "Apuntes histórico-críticos
sobre la Imagen del Santísimo Cristo de Calatorao". En
ellos completa los datos aportados anteriormente y ensalza
sobremanera y al estilo decimonónico de la época la devoción a
esta Imagen. Por último, M. Félix Lasheras Bernal, sacerdote
natural del pueblo vecino de Almonacid de la Sierra, pero muy vínculado
familiarmente a Calatorao y residente en esta villa hasta el
punto de decir habitualmente que era de Calatorao. Este autor
realiza en 1964 el mejor trabajo científico sobre este Cristo.
Anteriormente había publicado en el año 1956 la Novena en honor
del Santísimo Cristo de Calatorao.
Es nuestra intención hacer historia. Así
comienza Félix Lasheras el riguroso trabajo realizado en 1964.
Este autor sigue diciendo: "Habríamos por tanto, de partir
del escultor que realizó la preciosa talla de que tratamos en
este escrito. Pero es fuerza mencionar antes la tradición".
Tomemos su relato de Fr. Roque Alberto Faci: "En la iglesia
parroquial de esta villa, se venera desde 1520 la admirable y
milagrosa imagen de un santo Crucifijo. El logro de esta imagen
fue fruto de la caridad de esta villa con un peregrino que llegó
a ella enfermo, o haciendo el enfermo, siendo reputado por ángel.
Cuidó la caridad de Calatorao de alimentar y medicar al
peregrino. Notó éste que en la Parroquia no había imagen
especial de Cristo Crucificado. Retiróse a una casa y sin ser
visto ni oído de alguna persona, sin estallido de martillos ni
estruendo de sierra, formó la santa imagen de un madero, que él
había visto y escogido para esta divina fábrica. Pasado el
tiempo de tres días -como se había pactado-, deseando ver
Calatorao en qué estado se encontraba la obra tan deseada,
abierta la puerta de aquella estancia dichosa, ni se hallo
peregrino ni vestigio alguno de que allí se hubiera trabajado en
madera, ni el madero que había elegido ni fragmento alguno de él,
ni menos color alguno con que hubiera dado la última perfección
a la obra, sí solamente la comida que se le había administrado
por una ventanilla y la Santa Imagen tan peregrina como angélica
arrimada a una pared a la mano derecha entrando en el cuarto".
Comenzando con los datos históricos hemos
de referir al jesuita P. Aranda que en 1687 dice: "El Santo
Cristo de Calatorao es tan conforme al original y tan sobre todo
esfuerzo del arte, que sólo su vista persuade de la autenticidad
de la tradición de haber sido formado por manos angélicas".
Siguen esta idea D. Lucas Espínola, Comandante de Aragón, y el
también jesuita P. Ignacio March en 1718. Ahora bién, los dictámenes
de estos doctos señores se basan en que es "tan conforme a
su original y tan sobre todo esfuerzo del arte que sola su vista
hace persuadir la tradición de haberse formado aquella venerable
hechura por manos de ángeles". Según M. Félix Lasheras el
argumento es bastante baladí, ya que sin duda que hay tallas del
Crucifijo mejores aún que la de Calatorao, cuyos autores son
conocidos.
El trabajo del P. Faci de 1739 se basa en
que el P. Valero Piquer, jesuita, refiere en el año 1630 la
historia del Santo Cristo como la afirma la tradición y dice que
un siglo no es demasiado para que el P. Piquer hubiera podido
tener noticias del autor. Si bien Faci se hace eco de lo que había
oído de "un sujeto de mucha autoridad y noticias", y
era que esta imagen había sido hecha por el maestro del
celebrado Gregorio de Mesa o por el maestro de este maestro.
Gregorio de Mesa tiene relación con Calatorao ya que a uno y
otro lado del Crucifijo hubo en tiempos pasados sendas imágenes
de San Juan y de la Magdalena, siendo la Magdalena obra de Luis
Barri y San Juan, de Gregorio de Mesa. Este escultor nació en
Calatayud en 1640 y murió en 1710. No puede ser suyo nuestro
crucifijo que existía ya en 1535, según se deduce de la última
voluntad de Jerónima Prat y Cornel.
En tiempos más recientes, las
investigaciones de Mosén Félix Lasheras nos llevan a D. José
Ibáñez Martín, Catedrático de Historia, que en su discurso de
ingreso en la Real Academia de la Historia, escribió: "Puede
ser de Gabriel Yolí el imponente crucifijo de Calatorao, quizá
el mejor de su escuela", este autor conoció la imagen del
Cristo de Calatorao a través de una fotografía que le
proporcionó D. Manuel Abizanda y Broto en el año 1917. La cita
de este dato es de D. Manuel Gómez Moreno de 1931.
En la primera mitad del siglo XVI, fecha
indudable del Cristo de Calatorao, trabajaron en Aragón los
escultores Damián Forment (1511-1539), Gabriel Yolí (1515-1539)
y Gil Morlanes (1517-1547). Este último autor realiza junto con
Yolí la capilla de San Agustín, de la Seo. Yolí labró todas
las imágenes del retablo mayor de San Miguel y del Portillo de
Zaragoza, el retablo de la Virgen del Aguila de Paniza, así como
el retablo del coro de la catedral de Teruel, en cuya puerta fue
sepultado.
Damian Forment hizo para Calatorao las
tallas que actualmente se conservan en el retablo del altar mayor
de la iglesia de San Bartolomé. Además tuvo relaciones de carácter
económico con Calatorao, ya que según las cuentas de
Prepositura del Cabildo, en 1530 debe 140 sueldos por el valor de
dos cahíces de trigo que tomó fiado del granero del castillo de
Calatorao en parte del pago de las imágenes de alabastro que están
en la capilla del Sacramento.
En la época de la aparición de la imagen,
Calatorao era señorío del Pilar de Zaragoza. Esta circunstancia
hizo a Mosén Félix Lasheras pensar que acaso en los archivos
capitulares se pudiera encontrar la nota de lo que el autor
recibiera del Cabildo. En busca del dato revisó en el Archivo de
la Curia el Registro de Actos de 1518 a 1522, y en el del Cabildo
las cuentas de la Prepositura desde 1517 a 1533. La investigación
resultó estéril.
Queda pués el autor en el misterio. Puede
ser Yolí, como puede ser Forment. Puede ser también de algún
peregrino "de los muchos que, célebres en varias artes,
vaguean por el mundo". Y hasta es posible que el tal
peregrino fuera un ángel.
BUSTOS DE LA DOLOROSA Y DE SAN JUAN
EVANGELISTA
Estos bustos se situaban originalmente en
la capilla del Santo Cristo, formando un Calvario. A la derecha
La Dolorosa y a la izquierda San Juan. Construida la nueva
iglesia en 1840 y reformada la capilla estas dos piezas quedaron
desplazadas de su lugar, como consecuencia de su decadente
aparatosidad. Siendo la Magdalena obra de Luis Barri y San Juan,
de Gregorio de Mesa en el año 1674. Son de barro cocido
policromado propios de estilo barroco aragonés. Han sido
estudiados por Belén Boloqui Larraya que confirma su atribución
al estilo del escultor, habil en el modelado del barro. Según
esta autora las características que presentan son las siguientes:
"son dos notables esculturas cuya expresividad y dinamismo
se manifiestan en la pose en "pandant" de los brazos,
en calculada diagonal, uno alzado y otro más extendido en ambas
figuras, característica del pleno barroco, y en la estudiada
flexión de la cabeza, suavemente ladeada a la derecha y hacia su
Hijo, la de María, algo cabizbaja la del discípulo; el rostro
de la Virgen resulta más dignamente distante, aunque no menos
contenido con su boca entreabierta, mas emotivo y violento el del
joven, cuya pose, profundamente dolorida, no disimula su boca
contraída de gruesos labios, la potente nariz, los ojos
escrutadores y el recio ceño que agudizan sus arqueadas cejas y
firmes arrugas sobre la frente, sin olvidar los encrespados
bucles de la melena que caen generosamente sobre la espalda,
mientras que en la virgen el perfil de su rostro se resuelve sin
tantas siluetas, con sencillas telas de la túnica y el manto.
Ambas piezas están policromadas en tonos vivos, rojos y azules,
básicamente, sin obviar botonaduras y distintas cenefas doradas
con ricos detalles".
Referencias
Abizanda, M..- Documentos para la Historia
artística y literaria de Aragón (Soglos XVI-XVII). Tres volúmenes.
Zaragoza. 1917.
Aranda, F..- Vida, virtudes y gracias de la
Venerable Sierva de Dios, Isabel Povar y Maestro. Zaragoza, 1687.
Boloqui, B..- Figuras de barro del escultor
bilbilitano Gregorio de Messa (1651-1710). Ier Encuentro de
Estudios Bilbilitanos. Calatayud. 1985.
Faci, R.A. .- Aragón reino de Christo y
dote de María Santísima. En Zaragoza, en la oficina de Joseph
Fort, enfrente del colegio de S. Vicente Ferrer. Año 1739.
Gómez Moreno, M..- La Escultura del
Renacimiento en España". 1931, pág. 31.
Lasheras Bernal, F..- El Santísimo Cristo
de Calatorao. Revista la Cadiera, 1964. Pág. 9 a 14.
March, I..- Pentateuco Seráfico o cinco
sermones panegíricos del serafín Francisco, al que van añadidos
dos sermones del Santo Cristo de Calatorao. Barcelona, 1718.
Moreno Pérez, P,.- Apuntes histórico-críticos
sobre la Imagen del Santísimo Cristo de Calatorao. 1883.
Piquer, V..- Noticias Sagradas de Aragón.
M.S. archivado en la librería del Colegio de la Compañía de
Jesús de Zaragoza, núm. 1231, pág. 264.
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