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LEYENDAS Y TRADICIONES DE CALATORAO:
EL CASTILLO DE DOÑA URRACA Y EL RELATO DEL SANTO CRISTO
Publicado en fiestas 2004

 


          Las dos figuras que más significado tienen en la historia de Calatorao son el Castillo y la Imagen del Santo Cristo. Ambas han estado presentes a lo largo de los siglos en cualquier acontecimiento vivido en la localidad. De hecho las dos aparecen como emblemas en el escudo de la villa, si bien cada una tiene su expresión particular. El Castillo forma parte del nombre del pueblo al menos desde el año 1118, el topónimo Calatorao procede de la trascripción árabe "Castillo de Tierra", y las fiestas más importantes han sido festejadas en honor al Santo Cristo. El 10 de Mayo, Fiesta de la Coronación del Señor, se celebraba en 1.613 y se trasladó posteriormente al 14 de Septiembre, día de la Exaltación de la Cruz, al menos desde 1.730 hasta la actualidad. No es de extrañar que las dos leyendas o tradiciones mas importantes y que se han transmitido oralmente de generación en generación estén relacionadas con estos dos asuntos, en parte documentados históricamente, o al menos recogidos en escritos a lo largo de la historia, pero evidentemente idealizados por el paso del tiempo y decir popular.

         Reproducimos a continuación la leyenda de Doña Urraca relacionada con el Castillo de Calatorao y la tradición del Santo Cristo.

REALIDAD Y MITO DE LA FIGURA DE DOÑA URRACA

Si queremos identificar lo Medieval con Calatorao, grandes y chicos nos hablarán de la leyenda del Castillo de Doña Urraca. Este mito ha perdurado en la memoria de los calatorenses.
Cuenta la leyenda que tras el matrimonio entre D. Alfonso I el Batallador rey de Aragón, y Dª Urraca reina de Castilla, hubo entre ellos continuas riñas y desavenencias, hasta tal punto que se dice como anécdota el que D. Alfonso las únicas batallas que perdió fué en la cama.
En los Anales de la Corona de Aragón nos cuenta Zurita que el rey Alfonso mantuvo encerrada en El Castellar (Alagón) a Dª Urraca. Nada dice del encierro en el Castillo de Calatorao, tampoco podemos negar o asegurar este nuevo encierro que nos recuerda la tradición oral, porque Calatorao era Villa y Castillo Real.
Y según dice la leyenda,  la prisionera paseaba por sus patios y subterráneos (1), en espera de una pronta fuga, y mientras tanto revisaba y comprobaba  el estado de los pasadizos para su utilización en caso de necesidad. ¡La Reina no estaba abandonada!, un puñado de sus fieles castellanos la quería como su reina que era, y no admitían que Alfonso, un aragonés, fuera su Rey.
Doña Urraca sólo pensaba en huir a su tierra, pero el temor de perder sus joyas le hizo ser precavida y pensar en un escondite para las más mejores y más voluminosas, esperando poder enviar algún día no muy lejano a recogerlas.
Doña Urraca desconfiaba de su esposo, ¿cómo podía confiar en quien la tenía prisionera para seguir siendo Rey de Castilla?, y …. ¿qué podía pensar de quien siempre estaba guerreando y consumiendo el tesoro real en continuas guerras? ¿Alguna vez pasó por su cabeza que en un momento de necesidad tuviera que empeñarlas a algún judío, según era costumbre de la época cuando se necesitaba oro para pagar a los soldados?.
La Reina dicen que pudo huir con la ayuda que le prestaron, pero las joyas quedaron enterradas en los subterráneos, nadie las recogió y nunca se han encontrado.

La leyenda (2) se repetía oralmente de generación en generación y ese gusto por el enigma de los castillos lograba que la historia se mantuviera fija en la memoria de sus habitantes.

(1) El Castillo, según una tradición bien fundada, se comunicaba mediante bodegas y subterráneos con ciertos lugares del pueblo:

  • La más necesaria era la bodega que lo unía con la Fuente de las Escaleras. Hoy el pasadizo está interrumpido a la altura de la calle Fernando el Católico por el derrumbe de las bodegas que había en esta calle.

  • También es posible que un caño enlazara el Castillo con la actual Plaza de Zaragoza.

  •  El caño anterior se unía probablemente con la bodega que naciendo en la calle del Murillo, en casa de Elías Callejas, terminaba en la calle de la Fuente en casa de Mariano Fuster, y según nos escribe D. Prudencio Moreno en su libro de 1883 “Apuntes Histórico Críticos de Calatorao”, aunque en esa fecha ya estaba interrumpido por derrumbe el pasadizo que aseguran servía a los moros que ocupaban esas dos calles.

  •  Los más viejos nos encantan con la historia de la Bodega de la Señoría, que teniendo su entrada por la Puerta de la Villa atravesaba todo el pueblo hasta llegar al castillo, uniéndose con el resto de las bodegas. Hoy está cerrada por el derrumbe sufrido a la altura de la calle Calvo Sotelo.

(2) Conocemos un documento sobre la historia de Calatorao, de fecha de 5 de septiembre de 1.213, en el que se recoge que el Rey Pedro II dona el pueblo al Cabildo del Pilar, que lo poseerá durante 600 años, hasta 1840 que con motivo de la desamortización de los bienes de la iglesia, el castillo, las casas y tierras que poseía el cabildo salen a la venta y pasan a manos privadas.

Pero según este documento, el regalo no fue gratuito por parte del rey, sino que una dama, Dª Urraca de Buñol, compró al rey el castillo y la villa por 6.000 morabetinos de oro para que lo donara al Prior y Cabildo de Santa María la Mayor a cambio de que estos acogieran a su hija Dª Berengaria como canóniga regular. Así lo hacen y desde 1215 a 1224 ofrecen a Dª Berengaria y sus servidores suficiente para su sustento y además, dos capellanes que orarán por ella después de su muerte. Igualmente han saldado todas las deudas de Dª Urraca y de ella valoradas en 833 áureos y 21 cahíces de cebada y 5 cahíces de trigo.

Desde este momento la historia de Calatorao está ligada al Cabildo del Pilar y además empieza a transmitirse de generación en generación la figura de Dª Urraca que llegó a ser mito, pues confundimos a Urraca de Buñol con la Reina de Castilla Dª Urraca, mujer del rey de Aragón llamado Alfonso I el Batallador. Tal vez fueran los canónigos del Cabildo los que transmitieron esta leyenda, en parte fundada en el hecho propio de la donación del pueblo en el que media Urraca de Boñul y su hija Berengaria.

¿Cómo fue posible que se fundieran en una sola las figuras de una reina llamada Urraca (poseedora de joyas por ser reina) y una señora llamada Urraca dueña de la villa de Calatorao?

¿Pudo influir el ambiente de la novela histórica del siglo XIX, con su evocación de reinas, castillos, fantasmas…. ?

Sea como fuere, lo cierto es que en este ambiente que evocaba lo medieval, una reina llamada Urraca llegó a desbancar a la Señora Urraca (de Buñol), pues evidentemente se nombre era más conocido. El documento recuperado reivindica su figura.


LEYENDA DEL CRISTO DE CALATORAO

A lo largo de los tiempos ha habido numerosos autores que se han ocupado de estudiar la procedencia de la imagen del Santo Cristo de Calatorao. Pero es el Padre Roque Alberto Faci quien en el año 1730 escribe toda la tradición y milagros atribuidos a este Cristo en los doscientos primeros años de permanencia en la Iglesia de Calatorao, ya que se tiene constancia del mismo desde el año 1520.

Cuenta la tradición que el logro de esta imagen fue fruto de la caridad y misericordia de esta Villa con un Peregrino, que llegó a ella enfermo, o haciendo (como suele decirse) el enfermo, siendo reputado por Angel, como se dirá después. Cuidó la caridad de Calatorao de alimentar, y medicinar al Peregrino, sirviéndonle, como a Cristo. Notó el Peregrino que en la Parroquia no había imagen especial de Cristo Crucificado.

A la notada falta de la Santa Imagen por el Peregrino, respondió Calatorao que algunas veces había intentado se fabricase Imagen de Santo Crucifijo, y que sin saber como, se había olvidado esa especie. Entonces el Peregrino ofreció en publico, y a todo el Pueblo el salir de la Misa Mayor, suplir la falta, fabricándoles Imagen del Cristo Crucificado.

Retirose a una casa (donde se veía  el dibujo de la Santa Cruz) y sin ser visto ni oído de alguna persona, sin estallido de martillos, ni estruendo de sierra, formó la Santa Imagen, de un madero, que él había visto y escogido para esta Divina Fabrica. Pasado el tiempo de tres días (como se había pactado) deseando ver Calatorao en qué estado se hallaba la obra tan deseada, abierta la puerta de aquella estancia dichosa, ni se halló Peregrino, ni vestigio alguno de que allí se hubiera trabajado en madera, ni el madero, que había elegido, ni fragmento alguno de él, ni menor color alguno, con que hubiera  dado la ultima perfección a la obra, si solamente la comida, que se le había administrado por una gatera, y la S. Imagen tan peregrina, como Angélica, arrimada a una pared, a la mano derecha entrando en el cuarto.

Es la S. Imagen Peregrina, pues está tan bien acabada, que en su fábrica nada podía hacer el arte, siendo sobre todas sus reglas, como dicen artífices muy peritos, que la han visitado, y exclaman que solo un Angel podía haberla formado. Está todo el cuerpo del Señor organizado con toda la perfección de venas, arterias, nervios, tendones, ligamentos, y cuerdas tan al vivo, que parece que el original del Calvario fue Artífice, como píamente creemos, Angel admirablemente copiado. Sus manos son, como fabricadas a torno, milagrosamente llenas de sangre, como que ahora se vierte. Los pies se ven con igual viveza formados. Las espinas de la cabeza, aun parece, que en realidad atormentan su Divina cabeza. Las heridas se ven excavadas en todo el cuerpo con admiración universal de todos, y aunque las de las manos y pies parecen las mismas que le abrieron en el Calvario, es muy maravillosa, como llaga toda de amor, la del Sagrado Costado, que se conserva patente y dilatada, y cerrando con el tiempo, el polvo otras aberturas, ésta después de dos siglos, y más, se conserva siempre patente. Yo ni sé, ni puedo describir a esta S. Imagen, pues hasta hoy ninguna voz elocuente (menos el pincel) ha podido copiarla. Los ojos de quien la mire, podrán explicar, pero con sentimientos, la maravilla universal de su fabrica admirable. Siempre que se descubre tan Soberana Imagen, causa veneración, respeto, y singulares efectos en los corazones de los fieles. No se exceptúan los de la Villa de Calatorao, porque, aunque la han visto tantas veces, siempre anhelan el mirarla, experimentando Divinos efectos, que suele la familiaridad, no admirar, sino manosear. El día celebre de estos sentimientos es el Viernes Santo, en que es venerada la Santa Imagen con el concurso de Calatorao y su Comarca. Después de los Oficios Divinos la muestra el Preste a los circunstantes, puesto sobre el Altar, con una luz de hacha, y la advierten todos en este día más lastimada, que en otros del año, representándose en ella al vivo, la copia mas peregrina de la Pasión del  Señor, pareciendo a muchos que está sudando copiosamente, y se dice que realmente alguna vez ha sudado, ya que en este día están las energúmenas más furiosas, y a vista de Espectáculo tan sobremanera lastimoso, no hay corazón que no se ablande.

Esta es la tradición de Calatorao para con el Cristo según la cuenta el Padre Faci.

En Calatorao se recuerda la leyenda recitando la siguiente poesía:

Un peregrino llegó
Enfermo y con mucho mal
A sus costas le curó
El pobre en el hospital.

Un día en la iglesia entró
Y dijo lo que había visto:
“¿Cómo siendo este lugar
de la Virgen del Pilar
no hay en esta iglesia
un Cristo?.

Dijeron que ya lo harían
No sabían la ventura
Que el peregrino traía
Mas el bien que el pobre hacía
Él dijo que pagaría
Con una perfecta hechura.

Un madero de nogal
Pidió para cierto tal
Para salir de su intento
En medio del hospital.

Se metió en un aposento,
Fue sin haberlo labrado
Sin haberlo gente visto
Allí dejó retratado
Un Cristo que está espirando
Perfectamente acabado
Lleva las heridas tales
Que al mirar le enternecen.

Jueves Santo en la capilla
Aunque digo campanilla
Con el aceite cedete
Curamé la grosa frente.

Ciegos, tullidos, y crevados.
Donde Dios nos ha hecho tanto bien
Prívanos de la gracia y de la gloria
Para siempre jamás. Amen.

 

Al Cristo de Calatorao se le ha conocido como El Cristo de los Endemoniados. La explicación de la leyenda también la recoge, en el año 1739, el Padre Faci en su trabajo "Aragón, Reyno de Christo, y Dote de María Ssma", cuando haciendo referencia a los cuidados en la conservación de esta imagen dice:

"Limpiaba Mosen Antonio Pascual y López el polvo de los brazos de la S. Imagen, y asiéndose la toalla, con que sacudía, a las espinas de la corona, cayó una de estas sobre el Altar; notòlo el Dr. Falcón, Médico de Calatorao, y ambos partieron tan Santa porción. Pasados algunos años, hallándose dicho Mosen Antonio en la Villa de Sos, fue llamado a visitar a una enferma, que agonizaba, y estaba maleficiada, aplicó a la cabeza de la enferma, un bolsillo, en que estaba la porción de la Santa Espina, y dando un salto, la que parecía ya difunta, se puso en pie, en medio del aposento. Viendo esto el Cura de Sos, conjuró al demonio le dijera ¿qué había en el bolsillo, ó Relicario aplicado? Y dijo con verdad (aunque blasfemando, como demonio) había dentro una Espina de aquel tostado de Calatorao, y otras circunstancias. Llamó tostado al S. Crucifijo, por improperio, porque la S. Imagen es de color oscuro, que lo hace respetable".

A partir de este momento, se tuvo la creencia de que el día 14 de Septiembre, día de la festividad de la Cruz, el Cristo de Calatorao sacaba los demonios del cuerpo de las mujeres, con los hombres se metía menos, y al sacarlos les arrancaba los zapatos, las calcillas, los pañuelos de la cabeza o el corsé. Todos los que se decían "Endemoniados" acudían a Calatorao para sufrir el exorcismo y numeroso gentío se congregaba para presenciar la salida de los demonios, que se materializaban en cualquier objeto lanzado por los endemoniados. Cuando hacia 1880 se generalizó el ferrocarril, todos los años venían trenes especiales a Calatorao el día 14 de Septiembre. Prudencio Moreno publica en el año 1883 un trabajo titulado "Apuntes histótico-críticos sobre la Imagen el Santísimo Cristo de Calatorao" y recoge esta costumbre que fue en aumento hacia los primeros años del siglo XX y duró hasta la década de 1950 en la que se suspendió el tren especial que venía a Calatorao. En concreto, el Heraldo de Aragón del día 15 de Septiembre de 1919 dice: "Al salir de la iglesia una enemigosa cae a nuestro lado, la cual, después de unas raras convulsiones, como si sufriera un ataque de epilepsia, es retirada por varias personas. Al retirarla, la pobre mujer perdió el pañuelo, formándose alrededor de éste un corro, sin que nadie se atreviera a recogerlo. Aquel pañuelo tenía los enemigos".

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