| Autobiografía del
Castillo Mi nacimiento según dicen, lo debo a los
árabes, más poco de ellos puedo recordar solo que con sus
piedras me cimentaron y con el terroso ladrillo (que luego tal
vez me diera nombre) remataron mi estructura. ¿Como era mi
remate, con mi tejado actual y sus almenas de adorno, con
terrazas y fuertes almenas?, hasta ahí no llega mi memoria. Mis
recuerdos más fieles empiezan a partir de 1.119, cuando Alfonso
I el Batallador me conquistó a los moros, recuerdo de estos
primeros años de mi niñez a un tal Don Lope Garcés II de
Estella que me retuvo en nombre de Don Alfonso en los años 1.128
al 1.133.
Pasan unos años, que recuerdo con gran
fatiga, y me encuentro en poder del noble Don Pedro A. De
Torroja, que me entrega a su hermano en su testamento de 1.160.
Pero, ¿Qué ha podido pasar para que yo sin enterarme me posean
en nombre del Conde de Barcelona? ¿Cómo salí de las manos de
Aragón?.
Por fín me veo en manos de una dama, Doña
Urraca, que me compra al Rey Pedro II para que éste me pueda
donar al Prior y Cabilde del Pilar en 1.213.
Parece que mi dicha no dura mucho, pues han
de venir tiempos de guerra, y 1.287 es la fecha en que acabadas
las luchas el propio Rey Alfonso III, ha de ordenar me devuelvan
a los canónigos de la iglesia de Santa María la Mayor de
Zaragoza, que se llamará después Iglesia del Pilar, dominio o
Señorío bajo los que viviré cerca de 600 años ¡Parece que la
paz se mantiene!, se han terminado las luchas y revueltas, mi
actual Señoría no tiene apetencias políticas como el resto de
los señores, únicamente me mantendrán para recaudar sus rentas
(igual le pasa a mi vecino Alfamén, que con sus rentas ayuda a
mantener el puente de piedra de Zaragoza).
Pasan los años y los Reyes Católicos, en
su afán de someter a los levantiscos nobles, acaban con los
castillos (como aún me llaman) y los convierten en palacios que
únicamente sirven de vivienda al Señor (o representantes de la
Señoría en mi caso).
En este momento recuerdo con cariño a un
alcayde que tuve, se llamaba Pedro Marcuello y aunque se llevaba
bastante mal con los judios y moros que habitaban el pueblo,
conmigo se portaba muy bien, nunca se avergonzó de conocerme y
siempre presumía de ser el Alcayde del Castillo de Calatorao.
Aún recuerdo con nostalgia aquellos años
de 1.504 a 1.509 en que los Canónigos del Pilar acuerdan reparar
mi maltrecha figura y llaman a dos maestros de casas moriscos
Zalema Xama y Mahomat Llabar, para que me hermoseen y me
conviertan en una mansión más cómoda, me adornen con las
almenas actuales y me dejen en una condiciones que ¡ahora
querría tener yo!.
Mi figura adquiere gran importancia y a
partir de este momento seré testigo mudo de la vida social y
económica del pueblo de Calatorao, en las adjudicaciones de
pastos del Monte Blanco, en los arriendos del molino, horno y
cuantas posesiones tenía el cabildo en Calatorao.
¡Que emoción cuando evoco aquella
procesión de gentes que se acercaban al granero (hoy derribado y
convertido en un bonito jardín), con talegas de trigo y gallinas
en algunas fechas!, eran los arrendatarios de las tierras y casas
que venían a pagar los arriendos, treudos y diezmos al Pilar.
Pero ..... lo bueno siempre acaba, dicen
que estamos en el siglo XIX, y que los aires están un poco
revueltos, también me entero de que el gobierno quiere echar a
mis actuales poseedores y me quiere subastar al mejor postor.
Me subastan y me adjudican, ¡parece que
nadie me quiere! ¿qué está ocurriendo para que desde 1.843 en
que me compran, vuelvan a repetirse las subastas en 1.856, 1.861
y que por fín don Prudencio Moreno me escriture para su madre en
1.871?.
Otros me poseerán como D. Genaro Poza
Burgos y su hijo D. Genaro Poza Ibáñez, y por último, he
pasado a unas manos anónimas, pertenezco a una sociedad anónina
que dicen se llama Ibercaja. Pero ahora, ¿sabes que me dicen que
todo el pueblo de Calatorao es mi dueño?, ¡me alegro! Porque
también sé que me quieren de verdad, hasta me han puesto en su
escudo y correos ha editado en el año 2.002 un sello en mi
honor.
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