EXFILCOAR 2002

Autobiografía del Castillo

Mi nacimiento según dicen, lo debo a los árabes, más poco de ellos puedo recordar solo que con sus piedras me cimentaron y con el terroso ladrillo (que luego tal vez me diera nombre) remataron mi estructura. ¿Como era mi remate, con mi tejado actual y sus almenas de adorno, con terrazas y fuertes almenas?, hasta ahí no llega mi memoria. Mis recuerdos más fieles empiezan a partir de 1.119, cuando Alfonso I el Batallador me conquistó a los moros, recuerdo de estos primeros años de mi niñez a un tal Don Lope Garcés II de Estella que me retuvo en nombre de Don Alfonso en los años 1.128 al 1.133.

Pasan unos años, que recuerdo con gran fatiga, y me encuentro en poder del noble Don Pedro A. De Torroja, que me entrega a su hermano en su testamento de 1.160. Pero, ¿Qué ha podido pasar para que yo sin enterarme me posean en nombre del Conde de Barcelona? ¿Cómo salí de las manos de Aragón?.

Por fín me veo en manos de una dama, Doña Urraca, que me compra al Rey Pedro II para que éste me pueda donar al Prior y Cabilde del Pilar en 1.213.

Parece que mi dicha no dura mucho, pues han de venir tiempos de guerra, y 1.287 es la fecha en que acabadas las luchas el propio Rey Alfonso III, ha de ordenar me devuelvan a los canónigos de la iglesia de Santa María la Mayor de Zaragoza, que se llamará después Iglesia del Pilar, dominio o Señorío bajo los que viviré cerca de 600 años ¡Parece que la paz se mantiene!, se han terminado las luchas y revueltas, mi actual Señoría no tiene apetencias políticas como el resto de los señores, únicamente me mantendrán para recaudar sus rentas (igual le pasa a mi vecino Alfamén, que con sus rentas ayuda a mantener el puente de piedra de Zaragoza).

Pasan los años y los Reyes Católicos, en su afán de someter a los levantiscos nobles, acaban con los castillos (como aún me llaman) y los convierten en palacios que únicamente sirven de vivienda al Señor (o representantes de la Señoría en mi caso).

En este momento recuerdo con cariño a un alcayde que tuve, se llamaba Pedro Marcuello y aunque se llevaba bastante mal con los judios y moros que habitaban el pueblo, conmigo se portaba muy bien, nunca se avergonzó de conocerme y siempre presumía de ser el Alcayde del Castillo de Calatorao.

Aún recuerdo con nostalgia aquellos años de 1.504 a 1.509 en que los Canónigos del Pilar acuerdan reparar mi maltrecha figura y llaman a dos maestros de casas moriscos Zalema Xama y Mahomat Llabar, para que me hermoseen y me conviertan en una mansión más cómoda, me adornen con las almenas actuales y me dejen en una condiciones que ¡ahora querría tener yo!.

Mi figura adquiere gran importancia y a partir de este momento seré testigo mudo de la vida social y económica del pueblo de Calatorao, en las adjudicaciones de pastos del Monte Blanco, en los arriendos del molino, horno y cuantas posesiones tenía el cabildo en Calatorao.

¡Que emoción cuando evoco aquella procesión de gentes que se acercaban al granero (hoy derribado y convertido en un bonito jardín), con talegas de trigo y gallinas en algunas fechas!, eran los arrendatarios de las tierras y casas que venían a pagar los arriendos, treudos y diezmos al Pilar.

Pero ..... lo bueno siempre acaba, dicen que estamos en el siglo XIX, y que los aires están un poco revueltos, también me entero de que el gobierno quiere echar a mis actuales poseedores y me quiere subastar al mejor postor.

Me subastan y me adjudican, ¡parece que nadie me quiere! ¿qué está ocurriendo para que desde 1.843 en que me compran, vuelvan a repetirse las subastas en 1.856, 1.861 y que por fín don Prudencio Moreno me escriture para su madre en 1.871?.

Otros me poseerán como D. Genaro Poza Burgos y su hijo D. Genaro Poza Ibáñez, y por último, he pasado a unas manos anónimas, pertenezco a una sociedad anónina que dicen se llama Ibercaja. Pero ahora, ¿sabes que me dicen que todo el pueblo de Calatorao es mi dueño?, ¡me alegro! Porque también sé que me quieren de verdad, hasta me han puesto en su escudo y correos ha editado en el año 2.002 un sello en mi honor.

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